Mentes tendenciosas

Mi amiga T. tiene tres hijos, uno de 3 años, otro de 7 y una niña de 9. Una tarde de domingo comían en casa de los abuelos, como cada fin de semana. De pronto su pequeño le preguntó: “Mamá, ¿yo soy gay?”
Todos en la mesa se quedaron en silencio unos minutos sin saber qué decir, de pronto el abuelo protestó:
“¿Qué? Esto sí ya es demasiado, ¿cuántas veces les he dicho que tanta libertad los va a acabar por destruir? Ya no hay moral, no hay respeto, de verdad las nuevas generaciones están cada vez peor”.
“Abuelo, pero ¿qué te pasa?, contestó indignada Sofía, la prima de 20 años, mi mejor amigo es gay y es lo máximo, tienen lo mejor de los dos mundos. Su parte masculina desarrollada, pero también son sensibles y amorosos, y no les da miedo demostrarlo. Los heterosexuales se dicen hombres pero son unos patanes… (a Sofía la mandaron a volar recientemente y está en una etapa amargada de su vida, su amigo gay: Javier, la ha salvado del encierro y de asaltar a Ben & Jerry’s en su congelador todas las noches).
“Mamá, ¿mi hermano es gay? ¿En serio? Mis amigas en la escuela se van a morir”, dijo emocionada Mariana.
“Mira chiquitín, interrumpió la tía Esmeralda, la orientación sexual es algo muy complejo y no tienes edad para decidir cuál es tu…” (La sicóloga de la familia)
“Pero ¿de qué hablas tía?, interrumpió el padre, mi hijo no es gay…nadie en mi familia es gay…” (Sacó el cobre el macho)
“Hey, hey se calman todos, gritó mi amiga molesta, se callan todos ¡ya!”
“Ven mi amor. ¿Dónde escuchaste eso?”
“Un amigo en la escuela me dijo que yo era gay pero no es cierto. Yo le dije mi hermano es boy, mi hermana es gay, y yo soy boy, ¿verdad mami?”

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