Ramoncito

El viernes se reúnen unas amigas, han decidido comer en un lugar de moda pues es el cumpleaños de una de ellas. Son tres personajes. Dos adultos (bueno, eso está por verse) y un niño de 3 años (la festejada no sabe de la asistencia del menor).
La persona que no lleva infante y que resulta ser la del onomástico, ha decidido dejar a su hija de 3 años en casa, para poder disfrutar de los alimentos, y de su tan esperado pastel (aparentemente en ese lugar los postres son la especialidad). La cumpleañera lleva haciendo dieta todo el año para poder zamparse el pastelote completo, ella solita.
Viene en el coche saboreando lo que pedirá y riéndose de lo que platicará con su amiga. Seguramente será un cumpleaños increíble.

Llega al restaurante emocionada, da su nombre y la dirigen a su mesa “ya la están esperando”.
Al acercarse a su lugar, siente los bellos del cuerpo erizarse… el pequeño Ramón, ha venido a festejar con ella!!!! Y se está comiendo nada más, ni nada menos que un Rib-eye y una sopa de cebolla.
“Hola, no me esperaste para comer…”
“Claro que sí, esto es lo de mi hijo”.
Wow (piensa Wendy) y trata de dejar pasar el shock inicial de tener que compartir a su amiga y el día de su cumpleaños, con un pequeño carnívoro.
La festejada se sienta, sin darse cuenta, sobre una silla empapada en Coca-cola.
“Ups, perdón es que el niño tiró mi chesco…”

Las mujeres no pueden terminar ni una oración en toda la comida, pues el pequeño Ramón no para un segundo. Primero jala el mantel y hace que todo lo que está encima se tambaleé; en un acto de Cirq du Solei las chicas tratan de cachar todo, nada se rompe pero las salsas se derraman y los refrescos (con piquete) salen volando para aterrizar en la ensalada de Wendy.
La amiga (Daniela) se dispone a limpiar las lechugas y el jitomate. Wendy la mira sorprendida: “No pensarás que me voy a comer eso…”
“Ay ¿qué tiene? Qué exagerada, es solo un poco de Ron, no te va a pasar nada”.
Después de 5 minutos, el niño se baja de la silla para danzar por todo el restaurante con su mamá detrás, así que Wendy espera sola 45 minutos.
Cuando el dúo dinámico regresa, Daniela le deposita al niño a su amiga: “Yo ya me cansé, te toca”
“No pues si por eso yo no traje a mi hija y ahora tengo que soplarme al ajeno…”
“¿Qué dijiste?”
“Nada”.
Por fortuna, el niño no quiere estar en el regazo de la cumpleañera y pide regresar con su madre.
Al llegar el pastel, Ramón ya está de centro de mesa y como es de esperarse mete la mano (llena de cátsup) en el postre de Wendy.
La pobre ya tiene tantos nudos en la garganta que no puede ni hablar.
“La cuenta por favor…”
“Pero si no te has comido tu pastel…”
Wendy le lanza una mirada furibunda a su amiga en señal de cállate o te juro que tu cara acabará metida en él.
Cuando Wendy revisa el total, casi le da un espasmo.
“¿Cómo lo dividimos?”, pregunta esperando que Daniela responda por todos los platillos extra que tuvieron que pedir, gracias al comportamiento del niño.
“Pues en dos, ¿no?” le contesta.
Wow (vuelve a pensar Wendy) qué abuso, ahora resulta que tengo que pagar por la mala educación de un mocoso que no sabe ni hablar.
Al salir del restaurante Wendy le dice a su amiga:
“Te conozco desde hace 10 años, y nunca pensé que un hombre sería la causa de nuestra separación, en fin, adiós”.

PD. No puedo terminar la historia sin antes aclarar que NO ES CULPA NI RESPONSABILIDAD DEL NIÑO TODO LO QUE PASÓ EN LA COMIDA, y casi nunca lo hago, odio ser moralista en este espacio pero ahora sí no me puedo aguantar SEÑORAS TIENEN QUE RESPONSABILIZARSE POR SUS CHAMACOS… NO PONERLES LÍMITES NO LES VA A AYUDAR A CRECER MEJOR, ¡NETA!

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