Los berrinches de mi hijo en sitios públicos

Cuando decidí convertirme en madre sabía que dentro de todas las experiencias buenas que iba a vivir, también habría algunas que no serían tan agradables como levantarse a media noche a alimentar a mi hijo, cambiar el pañal, desvelarse intentando que pueda dormir, por ejemplo, pero ahora que lo veo en retrospectiva, eso no era nada a lo que estoy viviendo ahora, mis amigos y familia dicen que sólo es una etapa, que pronto terminará, que debo tranquilizarme, pero a veces siento que no puedo más con sus berrinches.

He leído varios textos de especialistas que dicen que la etapa de berrinche es muy normal, que es una señal de que el niño aún no logra identificar y controlar sus sentimientos, que los padres debemos ser pacientes y asertivos para ayudar a nuestros hijos a madurar, y cuando lo leo lo entiendo, me parece lógico, pero cuando tu hijo se pone a patalear, gritar y lanzar golpes a mitad del pasillo del supermercado, cuando estamos en el banco o en una cita médica, todas esas enseñanzas simplemente desaparecen.

Lo que más extraño me parece es que en casa no suele hacer berrinches con tanta intensidad como los que hace cuando estamos en un sitio público. La primera vez que lo hizo me dejó muy sorprendida, en definitiva no era algo que esperara, me agarró completamente desprevenida. Estábamos realizando las compras en el supermercado y pasamos por el pasillo de los dulces, de inmediato identificó su paleta preferida e intentó alcanzarla, yo no lo dejé tomarla y el tormento comenzó.

Simplemente no pude controlar su berrinche y la presión aumentó cuando me di cuenta que las personas se nos quedaban viendo, yo sentía que todos me juzgaban, me sentí un poco inútil, me sentí una mala madre. Desafortunadamente esa no fue la primera vez que pasó, ahora ya hasta me daba miedo salir porque sabía que en cualquier momento podría iniciar una rabiata y tendría que marcharme rápidamente de donde estuviera.

Después de buscar ayuda leí una serie de consejos que me han ayudado, no ha sido un proceso fácil pero poco a poco han ido disminuyendo su intensidad y frecuencia, así que empiezo a creer que sí sólo es una etapa.

Algunos de los consejos que han servido son:

*No enojarse, ni gritar, ni amenazar, sino hablarle con firmeza.
*Conservar la postura firme.
*Si el berrinche es muy largo entonces marcar una distancia física para darle a entender que no me interesa su rabieta.
*Establecer una distancia emocional diciendo cosas como “cuando te calmes, te atiendo”.

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