¿Papada?… El sobrepeso no es la causa

Un día cualquiera de finales de tus treinta o principios de los cuarenta, descubres una bolsa de piel que cuelga bajo tu cuello. Lo primero que piensas es que has engordado y que puedes arreglarlo siguiendo –ahora sí– la dieta que aconsejó tu nutriólogo. Fiel a este propósito, mantienes una alimentación saludable y haces ejercicio durante varias semanas hasta que consigues regresar a tu peso ideal, pero vuelves a verte en el espejo y la papada sigue ahí. Entonces un nuevo pensamiento te incomoda: ¡Qué viejo (a) estoy! –te dices– y te resignas al cambio en tu apariencia o te acomplejas. No obstante, y como una ventaja más de los avances en cirugía estética, te tranquilizará saber que ninguna de estas reacciones tiene sentido. A continuación te explicamos por qué.

Lo primero a considerar es que la aparición de la papada o doble mentón no es un efecto del sobrepeso; también es común en personas delgadas y su origen puede ser tan diverso como una predisposición genética o la consecuencia de una mala postura al tomar el celular, siendo esta última un hábito del que ni siquiera se sospecha tenga correlación con el problema.

Sin embargo, la formación del doble mentón también es atribuible al paso de los años y a factores como la exposición constante al sol o el haber experimentado una pérdida de peso rápida y significativa.

Sin importar cuál sea la causa que la haya provocado en tu caso, optar por someterte a una cirugía de papada (también conocida como cirugía de contorno cervical) te ayudará a sentirte mejor y a proyectar una imagen rejuvenecida.

Esta intervención estética puede llevarse a cabo de distintas maneras dependiendo de las necesidades del paciente. Algunas de ellas son la lipoescultura facial o la liposucción guiada por radiofrecuencia. Ambas funcionan en pacientes cuya acumulación de grasa es moderada. Por otro lado, para los casos en que la papada sea prominente, la recomendación de los expertos es elegir un ‘lifting’ de cuello para obtener un resultado más armonioso.

En ambos procedimientos se realizan una o dos incisiones a través de las cuales el médico extraerá los sobrantes de grasa; se emplea anestesia local y la cirugía es casi siempre ambulatoria. Otro punto a favor es que la recuperación es rápida y poco dolorosa, por lo que podrás regresar al trabajo luciendo una apariencia renovada en aproximadamente siete días o un poco más.

Author: escritor

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